Gobierno de la definición del KPI
La reunión del lunes empieza con las ventas de marzo y hay tres cifras distintas encima de la mesa.
Pongamos 1,84 millones según finanzas, 1,91 según comercial y 1,79 en el informe de dirección. Las tres son correctas:
- Una descuenta las devoluciones y la otra no
- Una va por fecha de factura y otra por fecha de pedido
- La tercera es la de finanzas, pero sin contar las filiales de fuera.
Nadie se ha equivocado, y aun así la primera media hora se va en aclarar las cifras, no en decidir.

Lo vemos en casi todas las empresas con las que trabajamos. El problema de fondo casi nunca son los gráficos (mucho menos la herramienta), sino cómo se monta: si cada informe lleva dentro sus propias consultas y medidas, con 30 informes hay 30 definiciones de ventas en 30 sitios, y ninguna de ellas tiene dueño. Es un problema de arquitectura, y no se arregla pidiendo más cuidado.
Si quieres saber si te pasa, se ve en una mañana:
🔸 Averigua cuántos informes calculan «ventas» por su cuenta en vez de leerla de un modelo común.
🔸 Abre dos de ellos y compara el mismo mes. Si coinciden al céntimo, es la excepción.
🔸 Pregunta quién es el dueño de la definición, no el del informe. Probablemente tenga varios dueños o ninguno, pero no uno.
🔸 Mira cuántos de esos modelos están certificados. Muchas veces ninguno y a menudo nadie ha decidido ni quién podría hacerlo.
Lo que hacemos es sencillo:
- Un único modelo semántico publicado, al que los informes se enganchan por conexión dinámica en vez de traerse sus datos, de modo que la medida de ventas existe una sola vez y todo el mundo lee la misma.
- Una definición por indicador, y un dueño con nombre y apellidos.
- Y un diccionario de indicadores de una página donde ponga qué incluye y qué excluye cada cifra.
Los informes pasan a ser ligeros, sin modelo propio, y leen de un modelo común que en Power BI se certifica, para que todos sepan cuál es el bueno y quién responde de él.

Muchos podrán pensar que cada área necesita su cifra porque mira cosas distintas y en cierta forma es cierto: comercial mira pedidos y, finanzas, mira facturas. Eso está bien, pero lo que no está bien es que los dos se llamen “ventas”. O se llaman distinto y se documentan, o se unifican, pero dos números con el mismo nombre en la misma mesa son dos puntos de vista que acaban en discusión.
Eso sí, esto no se monta en una tarde. La parte difícil tiene poco de técnica: es sentar a finanzas y a comercial en la misma sala hasta que salga una definición firmada, y esa reunión es incómoda una sola vez.
Una cifra con tres definiciones no es una cifra, son tres opiniones.
Y si no se hace nada, la reunión de cuadrar cifras se repite todos los meses, la confianza en los informes baja con cada número que no coincide, y al final cada uno se vuelve a su Excel, justo el sitio del que se quería salir.
¿Cuántas versiones de «ventas» hay ahora mismo en tu empresa? ¿Y quién es el dueño de la que vale?
